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El escritor J. Leyva explora en su novela El Violín de Sherlock Holmes la crueldad del día a día de una gran urbe que ha perdido su humanidad

Por   /  septiembre 21, 2020  /  No hay comentarios

El escritor J. Leyva ha presentado su nueva novela, El Violín de Sherlock Holmes, una obra que narra con ironía y brutalidad las terribles situaciones diarias que pasan por delante de los ojos de un vigilante de seguridad. Cada capítulo contiene dos partes, nombradas con números romanos y números ordinales, que hablan sin embargo de la misma problemática actual.

Testigo sin palabras de la cháchara interminable de trece contertulios —padres eméritos de las tribus de Israel—, el vigilante jurado de un garito no quita ojo al entorno citadino: una urbe actual superpoblada, hostil, fría, inhumana, caótica, infernal, odiosa.

“Rubén dice que jamás se comprará una cazadora de corte paramilitar no sea que lo confundan y lo manden a enjaular niños sin acompañantes.

Simeón dice que mejor espera en la barra —se le está ocurriendo una idea y no quiere compartirla con tipos de su misma calaña.

Leví dice que duda entre comprar algo impensado donde siempre o lo de siempre en un lugar impensado.

Dan dice que el vigilante jurado graba a los clientes peor vestidos, a saber si es la parte de su trabajo que más placer le procura.

Neftalí dice que de poder elegir optaría por un mundo sin centros comerciales, hamburgueserías ni mares sin playas desnudistas.

Gar dice que los perfumes de marca alimentan el ego de los más ricos —el ego y la excelsitud, que no hay un solo pobre que huela bien y camine erecto.”

(Fragmento de El Violín de Sherlock Holmes)

Esta enorme ciudad da cobijo a situaciones, escenas y personas grotescas retratadas con una pluma implacable y un punto de humor ácido y cruel que transmite con eficacia las miserias a las que se ven sometidos sus habitantes.

De ahí que la furgoneta de ayuda humanitaria compita con la megafonía —y esta con la pantalla gigante— impartiendo alimentos inverosímiles, cínicas admoniciones y avisos represores, en tanto la fauna líquida de transeúntes, mendigos, huérfanos, exiliados y migrantes abona ese caudal que nadie quiere embalsar en casa. La lupa del enmascarado detective escruta lo que se mueve, cuece y palpita con la minuciosa precisión de un microscopio Stradivarius.

“El apuñalado en el callejón sin salida se desangra en la rampa que conduce a urgencias, los camilleros afrontan como pueden abucheos y cuchilladas de los pacientes que forman cola.

La maestra explica lo de la gran explosión, la bola de fuego que acabará con el mundo, lo que pasó con los dinosaurios —los peques de la guardería salen al recreo mohínos.

Activistas extremos pinchan las bolsas conectadas al intestino de los ostomizados en cuclillas tras los bancos del parque, los delfines de la fuente relucen con el rocío de heces frescas sobre sus corpachones de bronce.

Ventolera de monederos, atizadores, baúles, sonajas, cuberterías, piernas ortopédicas, envases con medicamentos caducados —la ayuda humanitaria da lugar a compromisos entre parejas que de otro modo ni se saludarían, mucho menos acoplarse un rato.

Un minuto basta para que el fuego de la gasolinera se propague al tiovivo, un minuto es suficiente para que la amenaza de bomba expulse a los clientes a la calle, en un minuto se pone en pie de guerra la maquinaria belicista, los muertos previstos en la estadística se asean en un minuto para la foto.” (Fragmento de El Violín de Sherlock Holmes)

La novela explora desde el punto de vista del vigilante del local todo lo que pasa frente a sus ojos sin que tenga siquiera que desplazarse para ver las consecuencias terribles y la destrucción de lo humano en una ciudad ficticia que podría ser cualquiera otro lugar del mundo en que vivimos.

J. Leyva ha publicado, entre otros libros: Leitmotiv, La circuncisión del señor solo (Premio Biblioteca Breve), Heautontimoroumenos, La primavera de los murciélagos, La calle de los árboles dormidos, Europa, –Picasso, ¿estás ahí?, Donde dice asimismo debe decir pesimismo, Vía muerta (Poiuytrew), La fábrica de utopías, El rol de Rol-Dan, Refranes, dichos y sentencias del Quijote, La del alba sería y Flor y nata de la Andante Caballería. Además del relato Arturo Can, ilustradopor Carmen Trejo, es autor de una versión anotada del Quijote. Su última entrega es el poemario Cuadros de una exposición de Joan Miró.

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