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Una decisión difícil en medio del tsunami: salvar a su madre, esposa o hijo

Por   /  diciembre 27, 2018  /  No hay comentarios

En medio del tsunami ocurrido por la erupción del volcán Anak Krakatoa en Indonesia, un hombre de 46 años llamado Udin Ahok ha tenido que hacer la peor elección de su vida, salvar a su madre, su mujer o a su bebé.

Después de unos instantes de haberse quedado dormido, una avalancha de agua lo sorprendió echando abajo las paredes de su vivienda en Way Muli, en una de las poblaciones costeras donde se produjo el fenómeno natural que ha causado hasta la fecha más de 400 muertos.

Con mucho temor fue a donde dormían su hijo de apenas un año, su mujer y su madre,  pero cuando vio que su esposa se estaba ahogando logra salvarla sin poder rescatar a su bebé y a la madre. Entre lágrimas cuenta “No tuve tiempo de salvarlos”. Ahora se encuentra en un centro de urgencia que abriga a miles de desplazados.

Otra habitante quien está embarazada de seis meses fue rescatada por un vecino, felizmente narra que él la vio y sacó de la ola. “Corrimos hacia las zonas más altas, no imaginé que pudiera correr tan rápido. Tenía tanto miedo. Esperamos varias horas hasta que las aguas bajaron”.

En la isla de Java, Saki un aldeano de 60 años mira entre los escombros desechos, ladrillos y trozos de madera su pueblo de Sumber Jaya, preguntándose cómo podrá volver a la normalidad.

Todo desapareció, mi ropa, mi dinero, tenía 19 millones de rupias en casa” unos (1.290 dólares); “Me queda una camiseta y un sarong”, (especie de falda larga que utilizan los hombres). “Duermo en la mezquita pero todos los días regreso aquí porque fue mucho dinero el que he perdido”.

En su barrio, al menos 20 casas fueron tragadas por las aguas y fallecieron dos personas. Los habitantes dicen que pasan la Navidad tratando de salvar lo que les queda, mientras el ejército retira los escombros de las calles con la ayuda de máquinas.

Recuerda Ismail de 62 años: “alumbré hacia el mar con mi linterna de mano, vi la ola y corrí hacia el bosque”. “Cuando el tsunami golpeó, se fue la electricidad y oí un ruido parecido al de un avión”.

Aunque su casa y rebaño de cabras se salvaron de la tragedia, a su paso no hay más que desolación. Los edificios y comercios están destruidos, sólo quedan pedazos de madera, barro y restos de un jardín de niños. “Había una tienda de piezas sueltas de automóviles, una gasolinera, un comercio y no queda nada. Aún no hemos recibido asistencia. Sólo nos queda arroz lleno de barro, que vamos a cocinar de igual forma”.

En Sumatra un hombre de 45 años con algunas heridas, se siente afortunado de estar vivo.

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Sobre el autor

Redacción de Revista La Tribuna. Compartimos información de actualidad centrada en España.

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