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Reflexiones y taquicardias, del poeta extremeño Fran Ignacio Mendoza, un poemario ácido sin pretensiones de agradar

Por   /  enero 11, 2021  /  No hay comentarios

Reflexiones y taquicardias es un poemario diseñado para hacer despertar al lector del letargo de lo cotidiano. A lo largo de sus páginas combina confesiones, pensamientos crudos, oscuros secretos y pasiones desechadas. Pero también deja un espacio para la luz, para repensar la forma en la que entendemos la vida y hacerla más consciente y certera. Plasma heridas propias y ajenas y acepta sin tapujos que a veces nos utilizamos unos a otros. El mundo no es un lugar injusto, es solo un lugar, y en él las personas ejercen sus injusticias. La esencia de la contrariedad del ser humano puede ser el eterno absurdo de clamar por un cambio sin comenzar nosotros mismos dando el primer paso.

Por eso la voz del autor recuerda que es importante aprender a apreciar todo lo que en muchas ocasiones parece ser trivial o prescindible. Asumir que nuestra existencia es un punto diminuto entre millones y al mismo tiempo un camino inolvidable.

«Hay que aprender a pronunciar y entender el lenguaje de la vida». Ser fiel a uno mismo, no fiarse de la sombra de las sombras y buscar la porción de luz que nos constituye para arremeter contra las grandes mentiras que nos brinda la vida moderna y deshumanizada.

Hay que aprender a disfrutar de la esencia de la tierra y descubrir los escasos remansos de paz que asoman entre taquicardias y sueños dormidos. Ser conscientes al máximo de todas nuestras verdades, de que el paraíso verdadero habita en nuestras almas y en las huellas que hemos derramado por el mundo. Reconocer que caímos y que volveremos a caer, pero que siempre habrá como contrapartida una mano conocida en la que reposar la eterna derrota.

Por ello Fran habla en esta obra del Amor. Del deber de amar con las letras correctas, a la compañía correcta. De conservar los recuerdos y de cultivar el olvido de lo innecesario. Reconocer que no siempre se llega a otros corazones y que las ataduras provocan monstruos futuros que devoran las ganas de vivir. Amar con locura a aquellos que nos revelan la alegría de vivir. Amar con la pasión y la razón necesarias para no venerar a los fantasmas que solo nos acompañan de fondo y dar la vida entera por quien lo merece y jamás nos da por perdidos.

Este poemario nos grita que debemos despertar, porque la vida también es horror y nuestra intención no siempre basta. Nuestra empatía no basta. Nuestra conmiseración tampoco. Solo las acciones cambian el mundo. Los grandes poderes económicos mundiales nos manejan aunque intentemos ser libres y lo aceptamos aunque fingimos luchar. Es una gran verdad y un gran verso “No acostumbremos a los hombres venideros a ser los perros guardianes del amo”. No arremetamos contra el reflejo del enemigo, porque indudablemente fallaremos. Identifiquemos las amenazas y las vergüenzas que tiñen las sociedades de hoy, deshumanizadas y crueles y forjemos lazos humanos que nos guíen, como hilo de Ariadna a través de este profundo y caótico laberinto.

(…) Estamos ante una poesía adulta y desvinculada de las pretensiones de agradar. Aquí hay acidez en la reflexión, hay óxido amargo en las sentencias. Hay, incluso en un mismo poema, contradicciones, propias del autor y del ser humano: autoayuda y catarsis; positividad y victimismo; duelo y desapego; egoísmo y generosidad; rebeldía y aceptación; libertad y alienación. El autor dice: «Somos incompletos, disfuncionales e imperfectos, aparentando ser lo que no somos…». Y en contraposición también asegura que: «En este momento preciso, cuando nada fluctúa ni oscurece, a pesar de la lluvia, no llora el corazón…». Estas son dos maneras totalmente opuestas de verse a uno mismo y de sentir la realidad. (…)  Joan Carles Tomás Forteza, autor del prólogo.

Fran Ignacio Mendoza nació en Badajoz, pero ha residido en Mallorca la mayor parte de su vida. Es autor de los siguientes libros entre otros: Terminal Babilonia, El trastero del corazón, La eternidad efímera, El exilio voluntario, Opus XXI, Todas las herramientas, El lenguaje interior, Ritos pánicos, Final e inicio, Circuito integrado de un tripulante prófugo y Antología del abismo. Ha colaborado en diversas revistas y antologías y además se dedica esporádicamente a la pintura.

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